La elección como imagen ilustrativa de este artículo de una Gran Vía madrileña vacía no es inocente, ahora en plena pandemia COVID- 19, todos pensamos que nuestras vidas cambiarán para siempre. Quizás no sea así y volvamos a las andadas, al menos que quede para el futuro, como testimonio de las avenidas y calles de España, esa Gran Vía libre de polución.

En este tiempo de confinamiento hemos podido constatar, como nunca, la influencia del hombre en la contaminación del medio ambiente, viendo, con esperanza, que es posible revertir las situaciones creadas. Alguien diría que la naturaleza nos ha invadido.

No hay que parar la economía para ello, al contario, hay que reactivarla bajo los parámetros de la sostenibilidad, la Agenda 2030 de las Naciones Unidas con sus 17 objetivos para del desarrollo sostenible y la adopción de los gobiernos con planes concretos para conseguirlo marcan el camino.

Veníamos del afianzamiento de una nueva cultura verde, baste recordar la sensibilización social con las manifestaciones mundiales por el clima, a lo largo de 2019, muchas de ellas con epicentro en España, con motivo de la celebración de la Cumbre COP 25 en Madrid, en diciembre de 2019.

Esa preocupación por la sostenibilidad se venía trasladando a las decisiones de las marcas por ser cada día más respetuosas en sus procesos de producción y la elección de materiales renovables para sus envases y embalajes.

Estas, a su vez, veían recompensando su esfuerzo con el reconocimiento de los consumidores al primar su elección frente a las menos sostenibles. Diferentes estudios muestran el incremento de la participación de mercado de las marcas sostenibles, para el global de todas las categorías, de un 18% en los últimos 5 años.

Puede que por la urgencia de la reactivación económica mal entendida se caiga en la tentación de buscar atajos que nos hagan retroceder en el camino emprendido por la sostenibilidad, lo que sería un error imperdonable que coartaría el futuro de unas generaciones que ya las ha tocado vivir los peores escenarios de dos crisis consecutivas la de 2008 y el COVID-19.

Pero esta vez, la sociedad no perdonará la falta de liderazgo y de inteligencia para avanzar en una economía circular y de proximidad en beneficio de todos y de un entorno más sostenible.